"En cierta medida todo fue fruto de una serie de casualidades concatenadas. Y es que resulta curioso que, de alguna forma, llegamos hasta aquí de una forma más o menos intuitiva", apuntan las responsables de Sanoguera Consulting. De hecho, Sanoguera Consulting nace en 1991 como una asesoría convencional ubicada en el centro de Valencia. La idea de especializarse en el sector de la alimentación no surge hasta un par de años después, cuando los dos fundadores deciden trasladarse a las instalaciones de Mercavalencia. "Al principio entramos tres personas... luego ya fuimos creciendo".
Y este crecimiento se muestra rápidamente como "digamos atípico" por cómo comienza a perfilarse una plantilla eminentemente femenina, tanto porque el equipo empieza a crecer, se comienza a perfilar una plantilla básicamente femenina. "Nunca hubo una estrategia al efecto, no es que se buscara, simplemente en todas y cada una de las pruebas de selección resultó que las personas más capacitadas y mejor formadas eran mujeres". En la actualidad, doce de las dieciséis personas que conforman el equipo son mujeres. Además, también lo son siete de los ocho socios y la totalidad de las responsables de departamento.
Pronto se percibió que desde la dirección de la empresa se debían acometer transformaciones profundas destinadas a la retención del talento. "En aquellos años, no se hablaba de perspectiva de género, eso llegó después, pero es cierto que las transformaciones que se acometieron iban en esa línea", recuerdan desde Sanoguera Consulting. Además, añaden que les pareció "evidente que las dinámicas de nuestro sector en aquel pasaje del mismo al talento" y destacan que "en aquellos años, el sector de las consultoras se definía por horarios eternos y rígidos y poca receptividad hacia lo que luego se definió como medidas de conciliación". Eso lo convertía en un sector poco atractivo para los perfiles profesionales que se buscaban.
El reto para Sanoguera Consulting fue crear un sistema de trabajo distinto al de otras empresas consultoras sin que ello afectara ni a la productividad ni a la atención al cliente. Así se estableció un horario semintensivo, copiando el modelo anglosajón y reduciendo horas de almuerzo para lograr con ello adelantar el fin de la jornada, se establecieron dos tardes libres por semana, se configuró un horario flexible en cuanto a horas de entrada y de salida, se suprimió la obligatoriedad de vacaciones en agosto permitiendo a la plantilla estructurar sus vacaciones y descansos según sus necesidades y, en última instancia, se apostó por la reducción de jornada.
La idea era que todo ello debía conducir a mejorar el ambiente de trabajo, hacer a nuestros clientes nuestro aliado de cara a retención y captación de talento y, además, mejorar la productividad. "Obviamente fue complejo, pero se logró. Sobre todo en la parte final del proceso, cuando contamos con el apoyo externo de un maravilloso equipo de coaching que nos ayudó a implementar sistemas de trabajo eficientes. ¿El objetivo? Hacer más en menos tiempo".
Y aseguran que, de momento, se ha logrado. "Hoy por hoy somos de las pocas empresas del sector en las que la plantilla puede acabar a las 17:15 y dispone de dos tardes libres para dedicarlas a su vida no profesional, tenemos una jornada de 37 horas semanales y hemos mejorado en todos los ratios de productividad". Además, han conseguido contar con una plantilla joven y una dirección también joven, "de las más jóvenes del sector", algo que da solidez a la continuidad del proyecto.

Adaptarse ante los nuevos retos
Pero en Sanoguera Consulting son conscientes de que los retos siguen apareciendo, "nuestro sector vive una era de cambio a la que debemos adaptarnos". El modelo de asesoramiento clásico está siendo superado. "No olvidemos que Sanoguera Consulting trabaja para empresas y, por ello, para empresarios. De la misma forma que nosotros evolucionamos también nuestros clientes hicieron lo propio. El empresario del siglo XXI es una persona formada, dinámica, conocedora de sus necesidades y muy exigente. Una persona que necesita que su asesor consultor unos servicios nuevos, distintos de los anteriores, hasta el punto de que precisa de nosotros que nos convirtamos en una suerte de adjunto de dirección".
Por eso es necesario adaptarse y transformarse: "Se percibe que el papel clásico del asesor, por ejemplo, fiscal, que se limita a confeccionar modelos tributarios ha quedado superado. Ahora precisan una suerte de consulting, que les suministre la información que precisan para adoptar decisiones estratégicas en su empresa. Para ello, es esencial disponer de un equipo de trabajo cualificado y dinámico, conocedor del mercado, y con altas dosis de creatividad".